Guzmán el Bueno.

Alonso Pérez de Guzmán, más conocido como Guzmán el Bueno, fue Señor de Sanlúcar de Barrameda y sin duda fue un noble muy importante e influyente en la España del siglo XIII. Pero por lo que es más conocido es por la leyenda,  sobre su heroica defensa del castillo de Tarifa.
En 1295, cuando era alcaide de esta fortaleza, los musulmanes sitiaron y pusieron cerco al castillo. En realidad los musulmanes estaban ayudando a Don Juan, tío del Rey Sancho IV, en una de las muchas luchas intestinas que consumieron a los españoles durante la reconquista. Don Alonso Pérez de Guzmán presentó dura batalla a los árabes y puso todo su empeño en la protección del castillo y sus moradores. En esta situación, los musulmanes capturaron al hizo de Guzmán el Bueno y amenazaron con matarle si el alcaide no rendía la plaza.
Así, estando Don Alonso en el torreón oyendo la amenaza mora, arrojó su propio cuchillo a los musulmanes para que lo asesinarán, que efectivamente lo hicieron. Hasta aquí la leyenda. Pero sí parece cierto que su gran defensa de Tarifa le valió a Don Alonso que el Rey Sancho IV le prometiera el Señorío de Sanlúcar, que incluía Sanlúcar de Barrameda, Rota, Chipiona y Trebujena.

Fernando IV de León y Castilla, el Emplazado.

Cuando Fernando IV se dirigía con su ejército camino de Algeciras para tomar esta plaza, se topó con un pequeño inconveniente con el que no contaba y que le ocuparía un tiempo que no tenía. Así, en la provincia de Jaén concretamente en Martos, le presentaron al monarca a los Hermanos Carvajales, Juan y Pedro Alfonso. Estos personajes estaban acusados de varios delitos y no contaban con la simpatía del Rey, que además, como andaba un poco apurado por el tiempo, decidió finiquitar el tema de los Carvajales por la vía rápida, el ajusticiamiento rápido y sin complicaciones.
El Rey ordenó que les encerraran en una jaula y los arrojaran por un precipicio. Como es lógico, los hermanos Carvajal no estaban conformes con la orden del Rey y se declaraban inocentes. Así, en el momento de la ejecución, “emplazaron” al Rey a verse en el más allá, es decir, a morir, antes de que pasara un mes, si Dios así lo quería, probando por lo tanto su inocencia. El Rey Fernando IV murió justo al mes de la ejecución de los Carvajales. Y de esta historia o leyenda es de donde le viene al Rey el apodo o sobrenombre de “el Emplazado”.