Asedio o asalto de castillos

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Poco conciliador pero eficaz en la sucesión de acciones. Entre los siglos IX y mediados del XV los castillos fueron los grandes protagonistas de la guerra. El ejército atacante procedía en primer lugar como vemos a saquear y arrasar las cosechas y los bienes que los lugareños hubieran dejado atrás al refugiarse en el castillo. Mientras tanto, la fortaleza procedía a cerrar sus puertas y levantar el puente levadizo (de tenerlo), las tropas añadían apresuradamente estructuras de madera llamadas garitas, galerías y cadalsos que facilitarían la defensa de los muros, apuntalaban estos con palenques —que eran una especie de colchón formado con sacos que podía ponerse tanto en la parte exterior como interior del muro— y en algunos casos, como en el castillo de Caerphilly se procedía mediante un mecanismo hidráulico a inundar el terreno circundante, creando un lago que lo dejaba completamente aislado.

Una vez las tropas enemigas rodeaban el castillo tenían dos opciones: instalarse para dar comienzo a un asedio o intentar asaltarlo. La primera opción requería una gran cantidad de tiempo y recursos, como explicaba un funcionario real llamado Pierre Dubois en el siglo XIII «un castillo puede ser conquistado con dificultad en un año e incluso cuando cae por fin, implica más gastos para el tesoro real y para sus súbditos que lo que en realidad vale». En el interior disponían de pozos de agua y, por lo general, de una gran reserva de víveres que les permitía resistir una larga temporada. En algunos casos además contaban con poternas o «puertas de la traición» entradas secretas que permitían entrar y salir a espías y mensajeros… o al enemigo, si este llegaba a descubrirlas. Cuando esas reservas se agotaban finalmente ofrecían su rendición, como ocurrió en Kerak y Montreal en 1188 y 1189, aunque a menudo se entregaban antes si se les garantizaba que conservarían la vida. Un caso curioso fue el del asedio de Weinsberg en 1141, cuando los atacantes al mando de Conrado III ofrecieron salir libres únicamente a las mujeres, que podrían llevarse todo aquello con lo que pudieran cargar. Y aceptaron, pero lo que cargaron a hombros fue a sus maridos.

Las negociaciones sobre las condiciones de rendición podían durar meses y llegaban a incluir clausulas para la guarnición realmente curiosas, como la de salir del castillo descalzos, en Stirling en 1304, o que los seis ciudadanos más ilustres acudieran ante su sitiador, Eduardo III, con una soga al cuello para entregarle las llaves de Calais, en 1347. Mientras tanto, con el fin de minar la resistencia de los encastillados, los asaltantes recurrían a veces a la guerra bacteriológica y psicológica. Para ello empleaban el trebuchet o catapulta de contrapeso, que podía lanzar piedras con las que erosionar el muro o bien restos de animales podridos al interior del castillo, para propagar infecciones. En el asedio a Nicea en 1097 llegaron a lanzar las cabezas de los prisioneros para desmoralizar sus adversarios.

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La otra opción al asedio era intentar penetrar en el interior del castillo, un objetivo muy complicado dada la ubicación y estructura de las fortalezas. Como decíamos al comienzo, solían construirse en lo alto de un monte o peñasco que dificultaba la llegada de los soldados y de las torres de asalto. También podían contar con fosos, como del castillo de La Mota, en Medina del Campo, o con muros que en lugar de ser verticales tengan cierta inclinación, los taludes, que ofrecían más resistencia a los proyectiles y además permitían que rebotasen en ellos, como si una máquina de pinball se tratara, las piedras que se lanzaban desde lo alto y así sorprender a los atacantes. Las plantas de las torres pasaron de ser cuadradas a redondas, dado que al no tener ángulos resultaban más resistentes a los intentos de minado o de derribo y además no dejaban ángulos muertos a la guarnición que la defendía. Por supuesto, como a menudo hemos visto en las películas, a lo largo de las murallas y torres había troneras desde las que disparar flechas o arrojar agua o aceite hirviendo. Además las escaleras del interior solían girar a la izquierda, de manera que al subir quedara expuesto el lado derecho, que no cubre el escudo. Y por si todo esto no fuera bastante, a menudo los castillos contaban con una segunda muralla interior a la que replegarse. En fin, todo un calvario para el enemigo.

¿Qué opciones tenían entonces los asaltantes? Podían excavar una vía subterránea para llegar al interior o para poner explosivos en la base de la muralla. En el asedio del castillo de Rochester de 1215 esos explosivos fueron concretamente 40 cerdos, cuya manteca resultó ser una excelente arma de guerra. También se podía derribar la puerta usando un ariete, o llegar a lo alto del muro usando una bastida o torre de asalto. Pero fue a partir de 1370 cuando comenzó a utilizarse de forma habitual una nueva arma que acabaría suponiendo el final de los castillos como fortalezas defensivas. Se trataba de los cañones.

Los primeros fueron estructuras muy aparatosas que requerían cada uno de 24 caballos para ser transportados y algunos solo lograban disparar una vez al día, lo que no es una cadencia de tiro muy intimidatoria. Su inicial forma de jarrón hacía que el proyectil saliera disparado con poca precisión, hasta tal punto que si un artillero lograba acertar tres veces a un blanco en un solo día sus superiores lo mandaban en peregrinación por temor a que tuviera algún trato con el diablo. Pero con el paso de los años el diseño del cañón pasó a tener forma de tubo, se mejoró la pólvora utilizada y las fortalezas pasaron a ser vulnerables. Fue de hecho un arma decisiva para las tropas de los Reyes Católicos en su conquista de la Península. Aunque ya a finales del siglo XV los muros tuvieron que construirse más bajos y gruesos —de hasta 13 metros de ancho— ya nada volvió a ser igual. Acabó toda una era y con ella unas construcciones que desde entonces pasarían a ocupar el terreno de la imaginación, inspirándonos en forma de leyendas y en toda clase de narraciones. Aprovechemos entonces para visitar cualquiera de los muchos que hay en cada provincia española y evocar ese mundo romántico y fascinante de princesas enamoradas, fastuosos banquetes y enemigos dando alaridos al caerles encima aceite hirviendo.

Extraído  de  http://www.jotdown.es/author/xabi/

Otra fuente interesante: http://jadonceld.blogspot.com.es/search/label/Historia%20medieval

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Arco

En la Edad Media el arco se utilizaba para la caza: se corría tras los ciervos y los jabalíes a caballo y cuando se encontraba el cazador a la misma altura que ellos, les disparaba las flechas.
El origen del arco es asirio que era de madera dura y flexible que recibía un tratamiento especial de grasas, inmersiones y fuego.
Este arco fue utilizado por los romanos, durante las primeras épocas medievales hasta que los ingleses en el siglo XI lo mejoraron.

Los ingleses construyeron arcos de grandes dimensiones, log bow, de hasta 1’80 cms. Para ello empleaban maderas de tejo y flechas de fresno.

Era un arma temible, pero los arqueros requerían una larga y costosa formación y adiestramiento por lo que en Inglaterra se dictaron leyes especiales que lo favorecían.
Se decia que cada hombre menor de 50 años que no tuviera impedimento, que no fuera clérigo ni juez, se le conminaba a disparar el tiro con arco largo.
Además debía practicar conjuntamente el uso del arco con los niños de más de 7 años y de menos de 17 a los que debía de proporcionar el arco y las flechas correspondientes.
Si no presentaba los arcos y flechas para esos efectos, el coste de los arcos se le deducirían de sus sueldos.
A partir de los 17 años, los siervos deberían costearselos ellos mismos.
Cada carga transportada que sobrepasara 1 TM, debería comercializar 4 arcos.

Además los arcos deberían estar entre las mercancias más valiosas como eran los alimentos.
Los precios de los arcos eran regulados por elParlamento.
Las flechas que primero eran de cañas o de carrizos, con el tiempo se hicieron de madera sobre todo de fresno.
Se colocaban en haces de 24 flechas.
las puntas que comenzaron siendo de silex o de metal, al final se convirtieron en hierro.
Existia un instrumento especial para transportarlas que era el carcaj.
Se decía que con el tiempo de carga y descarga de un mosquetón, un arquero debía ser capaz de disparar 6 flechas. A las cabezas de las flechas se añadían materiales combustibles para quemar casas, barcos y castillos.

La potencia de disparo de los arcos era tal que conseguían atravesar las corazas de cuero y las cotas de malla que no estuvieran muy sólidas.
Un buen arquero conseguía un blanco a la distancia de 100 metros.
En España el arco no fue un arma tan empleada como en determinados paises europeos y como en Inglaterra.

Fuente: Naturaeducación. This link has disappeared)

V de victoria.

La señal de victoria realizada con los dos dedos de la mano en forma de “V” tiene sus orígenes, en el símbolo que realizaban los arqueros medievales con el dorso de la mano dirigida hacia sus enemigos, como estrategia psicológica antes de entrar en batalla. Cuando el enemigo veía este gesto, comprendía el mensaje:”Cuidado que aún tengo dedos para armar mi arco y disparar mis flechas”. Cuando alguno de estos hombres era hecho prisionero y si la Diosa Fortuna lo dejaba ser canjeado por una suma de dinero como rescate, se le amputaban los dedos índice y corazón, asegurándose de esta forma que nunca más volvería a disparar una flecha.

(En la batalla de Agincourt en 1415 fueron decisivos los arqueros ingleses)

 

Cotas de malla.

Existieron dos clases de armamento defensivo: la cota de malla, difundida en Europa hacia mediados del siglo XII, tras la segunda Cruzada, y la armadura de placas, que finalmente suplantó la cota durante la primera mitad del siglo XV.

La evolución del armamento defensivo era el resultado directo de los cambios habidos en las técnicas de ataque, y en particular del uso cada vez más frecuente de la ballesta durante el siglo XIII, cuyo poder, eficacia y precisión en el tiro obligó a modificar progresiva, pero radicalmente, las protecciones de hombres y cabalgaduras.
La cota, llamada también loriga o jacerina, era un jubón de malla metálica que recubría el busto y los brazos descendiendo hasta los tobillos; la defensa de la cabeza se completaba con un capuchón de malla, que podía ir separado o formar una pieza única con la cota; sobre éste se calaba el yelmo de acero, que en la primera mitad del siglo XII era de forma cilíndrica, cerrado, dotado de orificios para los ojos, mientras que posteriormente fue sustituido por el casco de hierro.
A finales del siglo XII, una cota de malla podía estar constituida por miles de anillos forjados y remachados, si bien una cota de tal clase sólo estaba al alcance de los caballeros más pudientes. Durante el siglo siguiente fue habitual reforzar la cota mediante mallas metálicas dobles o triples para proteger mejor las partes vitales y se comenzó a usar un peto compuesto de láminas de acero unidas entre ellas por un soporte de cuero. Los miembros inferiores estaban cubiertos por espinilleras de malla de acero, mientras que parece ser que los pies quedaban al descubierto. Además, se usó hasta el siglo XVI, junto a la cota de malla, la brigantina, una coraza ligera de escamas metálicas superpuestas.

Durante el siglo XII la fabricación de las cotas alcanzó la perfección con la elaboración de sofisticadas cotas de malla con una trama muy tupida que proporcionaban una particular robustez, además de permitir una considerable libertad de movimientos. Notables fueron las mejoras también desde el punto de vista estético: el hilo de hierro se unió al hilo de latón para obtener una malla adornada con dibujos y las cotas fueron sometidas a procesos de tintura en diversos colores.
Ya desde principios del siglo XIII se asiste a una introducción progresiva de placas metálicas, alternadas en partes con malla para obtener una mayor protección contra golpes. Esta tendencia se acentúa durante la segunda mitad del siglo, época decisiva para la evolución del sector, durante la que se asiste a un progresivo perfeccionamiento de la armadura de placas mediante el añadido de varias piezas (hombreras, codales, brazales, espinilleras, etc.) cada vez mejor articuladas.
La evolución se completó a finales del siglo XIV con la aparición de la armadura completa de placas o armadura de punta en blanco: el uso de la cota no fue abandonado del todo y debajo de la armadura, para remediar eventuales defectos, fue habitual el uso de una cota con el fin de proteger el cuerpo en los puntos más vulnerables, en particular, las uniones entre las diferentes piezas.
A finales del siglo XV triunfó definitivamente la armadura de cuerpo entero, completamente cerrada, tanto para el guerrero como para su cabalgadura.

La organización productiva de la metalurgia medieval comprendía tanto al artesonado autónomo, o sea, un modo de producción caracterizado por la propiedad de un taller, herramientas y materia prima, como la manufactura descentralizada, es decir, un tipo de organización en cuyo vértice estaba un mercader al que, en cierta medida, le estaban subordinados maestros y trabajadores.
Sobre la segunda mitad del siglo XV, el artesonado autónomo estaba formado en gran medida por fabricantes de pequeñas piezas metálicas (clavos, hebillas, botones y adornos), y por los productores de espadas, lanzas y espuelas, que era capaces de llegar a un producto acabado de fácil comercialización. La manufactura, ya fuera centralizada (la producción se realizaba solamente en el taller del empresario) o descentralizada (en otros talleres satélites), concernía, en cambio, a la fabricación de armaduras. En este sector, cada artesano estaba especializado en la fabricación de una de las piezas de la armadura, hecho que le obligaba a depender de un empresario, el armero (propietario de minas, herrerías, forjas, etc.), quien les procuraba las materias primas y a menudo incluso las herramientas, coordinaba su trabajo y se encargaba del ensamblaje de las piezas y de su posterior venta.

MARCAS DE FÁBRICA

Tal como sucedía con los tejidos de lana y pana, también las armaduras eran firmadas con la marca del taller que las había producido. Cada parte llevaba la rúbrica y sólo estaban autorizados a imprimir su símbolo los maestros. Las marcas permiten reconstruir el recorrido de la pieza sobre la que eran puestas y las relaciones entre maestros y empresarios.

PARTES DE LA ARMADURA

En la Edad Media se generalizó el uso de la loriga, formada por escamas (la coracina) o por un tejido de tirillas, anillitos o cadenitas de acero, llamado cota de malla, que vestían los soldados sobre una especie de jubón acolchado conocido por los nombres de gambax, prepunte y velmez para amortiguar los golpes de las armas enemigas. Sobre la mencionada loriga, que llegó en el siglo X hasta cubrir los brazos y muslos, llevaban los caballeros una sobrevesta o cota de armas, que más tarde se adornó con los emblemas y figuras propias y distintivas de cada uno (cotas blasonadas).
Para resguardo de la cabeza, se usó en los primeros siglos medievales un sencillo casco de metal de forma cónica sin visera ni yugulares, al cual se añadió en el siglo X el apéndice nasal recto. Debajo de dicho casco o de otro semiesférico llamado capellina llevaban los guerreros una especie de toca hecha de malla que cubría el cuello, conocida con el nombre de almófar o camal. Hacia fines del siglo XII el casco se transformó en yelmo, casi plano por arriba, con visera y barbera, reteniendo a veces el almófar por debajo. En el siglo XIV, el yelmo se hizo más redondeado, se le adornó con cresta o cimera y se le dotó de visera movible. En el siglo XV se añadieron las variedades de yelmo llamadas almete y celada, y se adoptó con frecuencia (lo mismo que en el siglo siguiente) la elegante borgoñota, parecida al casco beocio y que dejaba la mayor parte de la cara al dscubierto.

Una armadura completa consta de numerosas piezas articuladas habiendo llegado a reunirse hasta el número de 250 en un solo combatiente con 25 a 30 kilos de peso, pero las más comunes se reducen a unas veinticinco, distribuidas en los cuatro grupos de cabeza, tronco y extremidades superiores e inferiores.

*Para resguardo de la cabeza servían:
-el casco y sus similares protegiendo la parte superior
-la visera que cubría el rostro.
-la barbera para la boca y la barbilla
-la gola que defendía el cuello por delante
-la cubrenuca que defendía el cuello por detrás.

*Para defensa del cuerpo se aplicaban:
-el gorjal o gorguera en la parte alta del pecho y espalda, llegando a sustituir a la gola.
-el peto en el resto del pecho
-las escarcelas que llegaban algo más abajo que el anterior
-los escarcelones, especie de escarcelas que se prolongaban con articulaciones hasta las rodillas
-el guardarrenes, para los lomos
-la pancera para el vientre, hecha de malla
-la culera, para los glúteos, también fabricada de malla

*Las extremidades superiores se cubrían con:
-las hombreras, en el hombro
-los guardabrazos en la parte superior del brazo
-las sobaqueras en el sobaco
-los codales en el codo
-los brazales en el antebrazo
-los cangrejos en la parte opuesta del codo
-las manoplas en las muñecas y manos
-los guanteletes en los dedos y la mano

*Las extremidades inferiores se protegían por:
-los quijotes o musleras para defensa de los muslos
-las rodilleras para las rodillas
-las grebas para las piernas
-los escarpines y zapatos herrados para el pie
-la tarja o tarjeta, que se añadía a dichas piezas en las justas y consistía en un escudito que se fijaba en la parte superior e izquierda del peto y que llevaba pintado el emblema y la divisa del caballero noble.

*Hubo también armadura para los caballos, por lo menos desde el siglo XII, la cual lleva el nombre de barda. Se completó en el siglo XVI y comprende las siguientes piezas:
testera o frontal, para la cabeza
capizana para las crines
petral o pechera para la parte frontal
flanquera para los lados
barda o grupera para la grupa.

Fuente:Parte extraída del blog  El caballero y la espada.

Espada

El armamento defensivo del guerrero a lo largo del siglo XI, consistía principalmente en un gran camisote de cota de malla, denominado Hauberk. Las espadas se caracterizan por su ancha hoja de doble filo, diseñada para cortar y tajar. La empuñadura de dichas espadas era corta, de una sola mano, a pesar de la tradición que cuenta cómo Harald Hardrada desdeñaba el uso del escudo para empuñar la espada con ambas manos.  El sistema de forja usado consistía en introducir una barra de hierro en el interior de una V de acero, soldando todo el conjunto a la calda; luego se retorcía mezclando ambos materiales y se volvía a martillar formando una pieza homogénea, la cual era carburizada para conseguir su dureza final, es decir, se calentaba en un fuego de carbón para que mediante absorción, se produjese una fina capa de material muy duro sobre todo en los filos. Este proceso se siguió usando en Europa hasta fines del siglo XI aproximadamente.  Desde fines del siglo VIII los armeros vikingos habían desarrollado una tecnología para fabricar hojas de un acero homogéneo. . En las últimas hojas de esta tipología es corriente encontrar el nombre de ULFBERHT, atribuido a un armero o familia de armeros, posiblemente originarios de Rhineland (cerca de Solingen). El tipo de guarnición usado no varía prácticamente en Europa, predominando el estilo escandinavo, consistente en un gran pomo aplanado de tres o más lóbulos y una empuñadura formada por dos cachas de madera, hueso, asta, etc, que se fijaban mediante tiras de piel o cuero. La cruz de gavilanes suele ser corta, de brazos rectos o ligeramente caídos.

A lo largo de todo este periodo la espada va a ser portada dentro de una funda suspendida del cinturón en el lado izquierdo, como puede apreciarse en el famoso tapiz de Bayeux, y muchas de las representaciones escultóricas de la época. Esta vaina va a consistir principalmente en dos finas laminas de madera con la forma de la hoja, recubiertas de piel o cuero, con mayor o menor trabajo de decoración, en algunas ocasiones el interior de las mismas estaba recubierto de lana la cual prevenía en alguna manera la oxidación. En siglos posteriores este recubrimiento interior desaparecerá cambiándose por una apretada vaina de madera, que en algunos casos no iría suspendida directamente del cinturón sino de una nueva pieza denominada tahalí.

En España son menos corrientes las espadas datadas entre los siglos XII y XIII con inscripciones, dándose, sin embargo más comúnmente a partir del siglo XIV. No obstante poseemos una importante muestra en las espadas de Sancho IV de Castilla conservada en la catedral de Toledo, las de los hijos de Alfonso X el Sabio, el infante D. Juan de Tarifa, muerto en 1319, también conservada en la catedral de Toledo, y la del infante D. Fernando de la Cerda que se encuentra en el monasterio de las Huelgas en Burgos, o las espadas de Fernando III el Santo, conservada una en la catedral de Sevilla, y la otra denominada “Lobera” en la Real Armería de Madrid.

A partir del siglo XIV la espada medieval va a conseguir su máximo desarrollo que culminará en los ejemplares del siglo XV. La hoja perderá progresivamente el paralelismo de sus filos, adoptando la forma de un largo triángulo isósceles de punta muy aguda, a la vez que el canal o vacéo irá menguando hasta desaparecer, formando robustísimas secciones romboidales con filos a dos mesas. Este fortalecimiento de las hojas, unido a los refuerzos de placas de los nuevos arneses y armaduras, propiciará el uso cada vez más extendido de la punta de la espada frente al filo. Surge así la era de los Estoques. Por su parte, la empuñadura va a mantener la cruz simple de gavilanes ligeramente caídos hacia la hoja. Los puños de una o dos manos empezarán a alternar el sistema tradicional de dos cachas recubiertas por un puño entero, también recubierto, que se introducirá por la espiga de la hoja y se afianzará con el pomo, los cuales ganarán en tamaño y peso, manteniéndose la forma discoidal con pequeñas diferencias.

 

Ballesta

 

Se cree que aparece aproximadamente en el siglo X, en la guerra de asedio en el Norte de Francia y rápidamente se extendió por Europa. Tal vez los normandos ya la empleaban en 1066, asombrando a los bizantinos en 1096 que desconocía por completo este arma.   Aunque las evidencias físicas y escritas sugieren que la ballesta se descubrió en China durante el siglo cuarto antes de Cristo, mientras que un tipo de ballesta llamado gastrafetes se inventó de forma independiente en Grecia aproximadamente en el mismo periodo. No fue hasta el siglo diez u once después de Cristo que la ballesta se convirtió en un arma militar de importancia en Europa. 

La introducción de la ballesta en la Europa medieval se baso en la necesidad de crear algún tipo de mecanismo que les permitiese utilizar el arma de mayor alcance en ese momento (el arco) para lanzar sus proyectiles (flechas) a esa distancia conocida o incluso mayor pero con un menor esfuerzo y destreza. Si pensamos en ello lo que se buscaba sería mantener el arco en su posición de tensado durante el mayor tiempo posible (incluso durante minutos) para apuntar y que ello no conllevase dolorosos resultados en los brazos de quien lo manejaba como en el caso de un arco.

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Las primeras ballestas medievales eran artefactos muy primitivos. Se tensaban apoyando el arco, de tipo simple, en el suelo y sujetándolo con los pies, al tiempo que con las dos manos se tiraba de la cuerda hasta sujetarla en la muesca de un primitivo disparador en forma de palanca que empujaba la cuerda, liberándola. Ya en la segunda mitad del siglo XII, las ballestas eran lo suficientemente potentes como para que se pudieran tensar con la mano, con lo que se tuvo que introducir el estribo, una pieza sujeta a la cureña en el que se introducía el pie para sujetar el arco. Enseguida aparecieron sistemas mecánicos para tensar la cuerda basados en el principio del torno.

Por otra parte, la ballesta era considerada un artefacto para cobardes.  El desprecio de la aristocracia por el arma propulsada a distancia llega hasta el Renacimiento y aunque la Iglesia el Imperio trataron de prohibir su empleo, su potencia y su fácil manejo hicieron que se propagase por toda Europa en los siglos XIII y XIV.   De esta manera, hay que señalar que la ballesta fue utilizada normalmente por mercenarios, a menudo de origen italiano, de donde procedía la madera de tejo que se consideraba la más apropiadas para la construcción de los arcos, si bien se señalan hasta cinco tipos de madera para su finalización. 

Otra de las ventajas de la ballesta la encontramos en sus proyectiles, ya que empleaba dardos (virotes, cuadrillos) más cortos, de cabeza piramidal maciza que eran más baratos y perforantes. El dardo de verga metálica podía atravesar corazas inaccesibles para un arquero.  Sin embargo, su desventaja residía en el largo tiempo que se necesitaba para cargarlas, que hizo a menuda necesaria la asistencia de un escudero portador de un escudo ligero para proteger al ballestero mientras éste recargaba laboriosamente su arma a una cadencia de unos dos a cuatro disparos por minuto, frente a los diez o quince de un arquero experto. Y pese a lo que suele creerse, el alcance de una ballesta no era superior al de un arco largo o un buen arco compuesto pero como decimos, con una mayor capacidad de perforación. Las ballestas serían ya desde el siglo XIII elementos habituales no sólo en asedios sino en batallas terrestres o navales.

 

Otras desventajas eran:

Las ballestas tienen poca precisión a larga distancia, pero son, eficientes a corta distancia, en una escaramuza en medio de una batalla el utilizar un arco largo era impensable, pero una ballesta si. La poca precisión a larga distancia se debe principalmente a que los virotes son cortos, muy pesados y casi siempre si emplumar o emplumados con materiales rígidos, cuero, madera.

La lenta carga de la ballesta. Ello dio lugar a la creación de los auxiliares que llevaban grandes escudos (pavise )para protegerse y proteger a los ballesteros en el proceso de carga de estas.

Los problemas de las cuerdas en las ballestas al estar siempre montados y su difícil cambio hacia que por humedad o cuando se mojaban perdieran la tensión y su potencia. 

Para la nobleza cristiana y para la Iglesia de Roma la ballesta fue un arma despreciada cuando no maldita, no en vano una de sus representaciones más antiguas en la iconografía era en manos de un demonio. En efecto, para un noble entrenado desde la infancia en el arte de la guerra, protegido con un costosísimo armamento defensivo, era intolerable la posibilidad de ser vencido o muerto no por un igual sino por un plebeyo escasamente adiestrado, cobarde por definición y desde una distancia tal que era imposible la mera defensa. De hecho, mientras que un caballero capturado era normalmente respetado por sus pares, por solidaridad de clase y para conseguir un rescate, los arqueros y ballesteros eran masacrados como asunto de rutina e incluso los nobles de un ejército podían aplastar con los cascos de su caballo a sus propios ballesteros si se interponían en su camino.  De ahí que el Segundo Concilio de Letrán prohibió el empleo de la destreza mortífera de arqueros y ballesteros pero, eso sí, sólo contra otros cristianos. Evidentemente estas prohibiciones serían ignoradas desde un primer momento sin que surtiesen efecto alguno.  

 

Armas de asedio

 Image Hosted by ImageShack.usTrabuco: se empleaba para destruir murallas o para lanzar proyectiles sobre los muros. Fue arma dominante de sitio en Europa entre el año 850 al 1350. Pariente mayor del onagro y la catapulta. Venía muy bien para lanzar material masivo, como rocas, animales muertos y mensajes. Los primitivos trabucos eran del tipo más simple: el de tracción. Un grupo de operarios, que podían llegar hasta los 250 hombres, tiraban mediante cuerdas del extremo corto del brazo, haciéndolo bascular sobre el eje. El paso decisivo fue añadirle un contrapeso fijo (que podía pesar hasta 20.000 kilos) al final del extremo corto del brazo. Esta innovación permitió aumentar considerablemente su potencia. Un trabuco mediano podía lanzar una tonelada de peso hasta los 180 metros de distancia.

Image Hosted by ImageShack.usCatapulta: Máquina para lanzar piedras u otros objetos sobre el castillo y sus dependencias. Existía un contrapeso para el lanzamiento. Los proyectiles seguían una trayectoria curva. Las piedras caían de arriba a abajo y se usaba para destruir las almenas de las murallas. No era probable dañar los muros. Se montaban fuera del alcance de las flechas de los defensores. La catapulta también servía para lanzar objetos ardientes que pudieran provocar incendios en los tejados de las casas. Las catapultas de tensión son las que funcionan gracias a que almacenan su energía, al ser tensado un arco de metal, madera o cuerno. Las catapultas de torsión son aquellas que son accionadas gracias a la fuerza almacenada al “torcer” una madeja de cuerdas, tendones o crin de caballo, según la época de que se trate. La catapulta de contrapeso funcionaba a base de un contrapeso, con una masa muy superior al peso del proyectil.

Image Hosted by ImageShack.usTorre de asedio: Se acercaban a las murallas y, a continuación, arrojaban desde ella una plancha hasta la parte superior de la muralla. Los soldados de la torre podían avanzar por la plancha y entablar la lucha cuerpo a cuerpo con los defensores. Se protegía con pieles húmedas para evitar que la quemaran. Se movía con lentitud y dificultad, a causa de su peso. Había que preparar la tierra con anticipación, normalmente con una calzada de tablas planas de madera encima de tierra fuertemente comprimida, para facilitar el movimiento de la torre. Un área para la lucha, situada en la parte superior de la torre, permitía disparar a los arqueros al castillo mientras se acercaba la torre. Si el primer grupo de atacantes provenientes de la torre lograba pasar, una corriente continua de hombres les seguía por la plancha para finalizar la ocupación del castillo.

Image Hosted by ImageShack.usBalista: La balista o ballista era una máquina de asedio similar a una ballesta, pero de grandes dimensiones. Disparaba grandes dardos o jabalinas por separado o en pequeños grupos, según el tamaño y estructura del modelo. Debido a su tamaño, debía sostenerse sobre un trípode y era manejada por varios hombres encargados de poner los proyectiles, tensar la máquina por un mecanismo de torsión y liberar finalmente el proyectil. Si la maniobra se hacía correctamente, el proyectil salía disparado a grandes distancias. Se usaba principalmente en los asedios, ya que una vez montada era difícil de apuntar con ella a objetivos móviles. Por lo general , la balista se construía en madera, aunque podía tener partes hechas o al menos revestidas de metal, y usaba cuerdas o tendones de animales como tensores.

Image Hosted by ImageShack.usAriete: Era un tronco bien grande con cabeza de hierro, introducido dentro de una abertura móvil y se hacía rodar hasta una parte de la muralla o una puerta. Una vez allí, se balanceaba el tronco hacia delante y hacia atrás. La fuerza de los golpes abría brecha en la placa de madera de la puerta o el muro de piedra, creando una abertura para el ataque. La parte de arriba del ariete estaba cubierta con pieles húmedas para evitar que ardiera. Llevar el ariete era para valientes, pues le caía de todo encima (desde aceite o agua hirviendo, a piedras, flechas, etc.). Las variaciones del ariete incluyeron a la barrena, el ratón, y el arpón de sitio. Éstos eran más pequeños que un ariete y se podían utilizar en espacios más limitados.

Image Hosted by ImageShack.usOnagro: El Onagro es una antigua arma de asedio del tipo catapulta, que tenía mecanismo de torsión. El nombre de onagro es una referencia al asno salvaje asiático del mismo nombre, conocido por su mal genio y que puede lanzar a un hombre a cierta distancia de una coz. Era montado en el lugar del asedio por, al menos, 8 hombres, sobre una base de tierra aplastada o ladrillos que disminuyera la vibración al ponerse en marcha. Constaba de un marco de madera que servía de base en el suelo, sobre el que se alzaba un marco también de madera (reforzado a veces con pieles) que servía de tope al brazo cuando éste salía disparado, evitando así su rotura. Este brazo estaba rematado en su punta por una cuchara o una bolsa de piel colgada en la que se cargaba una piedra pesada que podía lanzarse a una distancia de hasta 800 metros. Una variante suya fue el mangonel.

Fuente: Blog El caballero y la espada.

El escudo

  • Broquel: escudo pequeño y circular, de origen asiático, generalmente de cuero con el borde metálico. En la parte posterior contenía una cazoleta en el medio para proteger la mano que lo empuñaba. Fue sin duda un arma de defensa muy extendida a lo largo de toda Europa. Siendo fácil de transportar y cómodo de llevar a todas partes era raro el hombre de armas que, usando armas que necesitaban una sola mano, no lo portara como apoyo, a veces, incluso llevando armas de asta. Son muchos los documentos que hablan él, y lo atestiguan códices como el I.33 (año 1290) o manuales de armas como el de Marozzon (año 1568), desde la Edad Media hasta el Renacimiento. El broquel en algunas culturas está asociado con gentes de mal vivir, como el caso del término swashbuckler (algo así como “agita-broqueles”), que se usaba para definir a los alborotadores. No obstante, hombres de todas las jerarquías lo utilizaron para la defensa.
  • Adarga: escudo hecho de cuero y de forma ovalada, posteriormente con forma de corazón. Fue usado originalmente por la caballería musulmana de Al-Ándalus, con el nombre de addarqa (procedía del norte de África, estando en Fez el principal centro de producción). Extremadamente resistente a la espada y a la lanza. En los siglos XIV y XV la adarga fue utilizada por la infantería y caballería cristiana hasta que en el siglo XVI se hizo general el uso de armas de fuego. Aún siguió en uso incluso en el siglo XVII en combates de caballería entre la nobleza peninsular.

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(Adarga)

  • Pavés: escudo oblongo que cubría casi todo el cuerpo del combatiente.
  • Rodela: escudo redondo y de una sola asa, pequeño y más propio de infantes que de jinetes o caballeros. Embrazado en el brazo izquierdo, cubría el pecho al que se servía de él peleando con espada.

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(Rodela)

  • Tarja: La palabra es de origen germano, y la hemos recibido a través del francés, que denominaba al escudo indistintamente targe o targette. La transcripción nos da, por supuesto, tarja y tarjeta. Se usó principalmente en las justas o “torneos de tarja”. Fue un pequeño rectángulo de cuero reforzado, con una escotadura en la parte superior del lado derecho para ayudarse con el otro brazo en el sostenimiento de la lanza; en él estaban grabadas, de la manera más atractiva posible, las armas o blasón del justador. Fue, precisamente, porque al final tuvo como función principal la de dar a conocer al justador, de advertir cuáles eran sus armas nobiliarias, por lo que acabó usándese como “tarjeta de presentación” del personaje. De forma romboidea. Otro tipo de tarja parece que fue de tamaño mucho mayor y cubría por completo el cuerpo del guerrero.
  • Targe: escudo de combate utilizado tradicionalmente en Escocia desde tiempos inmemoriales. De forma circular, su tamaño variaba desde aproximadamente 30 cm hasta casi 1 m. Todos cumplían con las dos funciones básicas de parar las flechas y desviar los reboleos de espadas y hachas. Siendo la madera el material preferido, algunos estaban confeccionados en acero, bronces o cobre. Por lo general, fabricados con madera de roble, se hallaban a veces recubiertos de cuero y con un bubón o media esfera de hierro en su parte central. Muchos modelos exhibían un aro de metal, en acero o bronce, que cubría el perímetro otorgándole mayor rigidez, así como diseños de arte celta pintados o grabados sobre la superficie exterior. Fue utilizado en todo el territorio escocés hasta 1746, fecha en que, tras la batalla de Culloden Mor, pasara a ser un elemento prohibido y cayera en desuso.

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(Targe)

Fuente: Blog El caballero y la Espada.