Correos en la Edad Media

Al considerar la escasez, carestía y poca conveniencia de los materiales que en otro tiempo se requerían para escribir, no será difícil imaginar lo poco extendida que debía estar la correspondencia epistolar antes de la invención del papel. Esta no tuvo lugar en occidente hasta fines del siglo X, época en que se empezó a fabricar de trapo de algodón. A este motivo debe sin duda atribuirse que no prosperase y se extendiese el sistema de comunicaciones que sabemos estableció el gran talento de Carlomagno en el vasto imperio que había conquistado, por las ventajas que con fundamento prometía esta medida. Así es que la Universidad de París fue la única que, desde aquella época hasta mediados del siglo X, tuvo en Europa algún sistema ordenado de comunicaciones.

En general, el servicio de correos en los países occidentales era privativo del rey, de la corte y de la iglesia y tan sólo en raras excepciones podían hacer uso de él los particulares. Estos, sobre todo si eran adinerados, se servían de envíos especiales, preferentemente de comerciantes en tránsito. Por lo que se refiere a las grandes organizaciones comerciales como la Hansa o la Liga Hanseática, en el siglo XII disponían de su servicio particular de correos. También la Universidad de París tenía a su alcance un servicio para su uso exclusivo. También Marco Polo, el célebre viajero veneciano, habla con admiración del correo organizado en China por el emperador Kublai Khan. Pero ya el temido Gengis Khan, abuelo de Kubilai, empleó en sus inmensas conquistas los flechas, correos veloces especiales que partían de Karakorum hacia todos los lugares del mundo.

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