Cosmética.

      

En el Medievo, la mujer ideal tenía que ser rubia, pálida, con las mejillas de un color rojo vivo, los labios de color rojo, las cejas arqueadas y negras pero el cuerpo completamente carente de vello. Ahora bien, ¿qué mujer está dotada por naturaleza de tal aspecto?
los anaqueles estaban repletos de peines y de espejos, de polveras, limas y tijeras para las uñas, de pinzas para depilar pestañas y cejas, de algodón y de plumas para maquillarse los labios, de goma adragante y de azúcar de cebada fundido. Para las pelucas se utilizaban los pelos de los muertos.

Los tratados de medicina explican que el vello es la condensación de los vapores groseros, y que el exceso de humedad femenina que no se vierte naturalmente se transforma en espuma que es preciso eliminar. Se procede a la depilación con ayuda de tiras de tela impregnadas de resina, se destruyen los bulbos pilosos con agujas al rojo, y se emplean también horribles depilatorios.

Con el fin de sensibilizar a los hombres sobre la vanidad de los cosméticos, los predicadores narraban la historia de alguien que, tras haber seguido a una mujer por la calle, atraído por su bella cabellera rubia, la supera para verle el rostro y, sorpresa, ve la cara llena de arrugas de su mujer, consumida por cosméticos urticantes y depilatorios astringentes. El maquillaje ciertamente era entendido como motivo de pecado.

Roger Bacon, médico del siglo XIII, menciona máscaras para la piel y lociones hechas a partir de raíces de flores.

Caza medieval

La caza fue una de las distracciones favoritas de los soberanos, de sus cortes y de la aristocracia. Era diversión y ejercicio principal. Abundaba la caza mayor, que se realizaba a caballo, con lanza y con perros, criados y escuderos. Los jabalíes se cazaban con lanza desde el caballo. El origen de la caza mayor se remonta a los tiempos remotos, pero el de la cetrería sería medieval en lo que se refiere, al Mediterráneo y a las regiones de Europa.

 La evolución natural de la caza sería: desde la montería o caza de fieras a la caza de aves o cetrería. Lo común era que se les preparase un andamiaje desde donde podían contemplar el desarrollo de la cacería. Con el tiempo, la legislación ampliando los derechos señoriles les dio en exclusiva el derecho de cazar en los montes y de perseguir a las fieras// -caza cortesana. -a caballo, con lanza y perros. -jabalíes, ciervos y osos. -cetrería con halcones, águilas..// zonas de caza exclusiva: -solo los nobles cazaban. -acompañados de monteros, ballesteros y halconeros.  Como la cetrería era muy minoritaria, debido al alto coste de mantenimiento de halcones peregrinos, alcotanes, esmerejones, azores y gavilanes, la montería con “grandes lebreles” sobre osos, jabalíes, venados y lobos alcanzó un puesto dominante durante el Medievo. Especial relevancia tenía la caza del oso en el reino de Asturias, pues éste se rastreaba con perros y ojeadores hasta que le acorralaban los lebreles y era abatido a ballestazos.

Respecto a las armas de caza, en el siglo IX a los naturales de la isla de Mallorca se les atribuye la invención de las ballestas.

 En 1180 el Rey Sancho VI de Navarra mandó redactar el “Código de Monterías”.En el año 1255 el rey Alfonso X el Sabio, promulga “el fuero real” en cuyos apartados 16 y 17 se ordena “no se tomen los animales salvajes mientras el cazador vaya tras ellos”. Escribió una obra titulada “Código de las Siete Partidas” en la que cabe destacar “la caza es el arte o sabiduría de guerrear y de vencer”. Tanto en el Código como en el Fuero de Soria, la fauna de caza, en terrenos de propiedad privada, pertenecía al dueño de la finca.

 

Inventos medievales. Las gafas

Alessandro della Spina era un fraile de la ciudad de Pisa al quien se le atribuye la invención de las gafas a finales del siglo XIII. Estos “roidi da ogli” (discos para los ojos), tan habituales en nuestros días, multiplicaron la vida laboral de los artesanos que elaboraban trabajos de precisión. El éxito de las gafas fue tan rotundo que durante muchas décadas el gremio de vidrieros de Venecia se enriqueció a base de controlar su fabricación. (Revista SÀPIENS, mayo 2003).

El renovado interés por la óptica y los avances en la fabricación de cristal permitieron que a finales del siglo XIII un monje creara las primeras gafas propiamente dichas de la Historia

Antes del siglo XIV, los defectos de visión, fueran congénitos, como la miopía, o ligados a la edad suponían una limitación irremediable. Ello afectaba sobre todo a quienes se dedicaban a trabajos de precisión o a actividades intelectuales basadas en la lectura y la escritura. Entre estos últimos estaban los monjes, durante siglos los grandes conservadores del saber occidental. Por ello, no es extraño que fuera en un convento donde poco antes de 1300 se desarrollase un invento que desde entonces ha cambiado la vida de una parte considerable de la humanidad: las gafas.

Inventos medievales

Un científico árabe, Ibn al-Haytham, conocido en Europa como Alhacén, creó en el siglo XI las bases teóricas para esta invención con su estudio de la córnea humana y de los efectos de los rayos de luz en espejos y lentes. Sus libros se tradujeron al latín en el siglo XIII y alimentaron un generalizado interés por la óptica y por sus aplicaciones prácticas. Aparecieron así las “piedras de lectura”, lentes planoconvexas (semiesféricas) que se usaban a modo de lupas y que constituyen el precedente de las gafas.

En 1306, un dominico afirmó en un sermón en Florencia: “No hace aún veinte años que se encontró el arte de hacer gafas, que hacen ver bien, que es una de las mejores artes y de las más necesarias que el mundo tenga, y hace tan poco que se encontró […] Yo vi a aquel que primero la encontró e hizo, y hablé con él”. Por tanto, el invento se sitúa hacia 1286. Otra noticia de la época menciona a un monje de Pisa llamado Alessandro della Spina, fallecido en 1313, quien “era capaz de rehacer todo lo que veía. Él mismo fabricó las gafas, que otro había ideado antes, pero sin querer comunicar su secreto. Alessandro, en cambio, enseñó a todos la manera de hacerlo”.

Para mayores y jóvenes

Estas primeras gafas consistían en dos lentes montadas en círculos de madera o de asta, unidas mediante un remache y que se colocaban sobre la nariz. Las lentes, de tipo biconvexo, solucionaban los defectos en la visión cercana, como la presbicia. Hay referencias a que se empleó como material cuarzo transparente o bien cristal de otra piedra preciosa, el berilo, aunque las primeras gafas también se han vinculado con la técnica de fabricación de cristal a base de arena, potasio y carbonato de sodio, desarrollada en Bizancio y adoptada por los venecianos.

10 inventos creados por mujeres

Las gafas se generalizaron enseguida entre las personas mayores. Por ejemplo, el poeta Petrarca recordaba cómo hacia 1350, cumplidos los 60 años, perdió de repente su buena vista y se vio “obligado a recurrir con renuencia a la ayuda de las lentes”. En el siglo XV apareció un nuevo tipo de gafas, “aptas para la visión lejana, esto es, para los jóvenes”, como decía el duque de Milán en una carta de 1462, en una clara referencia a las lentes cóncavas que corrigen la miopía.

Este último tipo de gafas no sólo eran útiles para tareas puntuales como la lectura y escritura, sino que podían llevarse todo el tiempo. Y quizás esto hizo que se prestara más atención al problema de cómo sostener las gafas sobre la nariz sin tener que aguantarlas con la mano, como pasaba al principio. Por ejemplo, se propusieron gorros con alambres de los que colgaban las gafas, o una banda de cuero que sujetaba las lentes en torno a la cabeza. Curiosamente, el método de las patillas (primero apretando las sienes y luego sujetas a las orejas) no se difundió hasta el siglo XVIII. Fue entonces cuando las gafas, cómodas de llevar, relativamente baratas (gracias a su producción industrial) y con lentes cada vez mejor adaptadas a las necesidades de cada cual, se convirtieron para muchos en un apéndice insustituible para moverse por el mundo.

Información obtenida de National Geographic España

Enlace: Científicos en al- Andalus. Link facilitado por un ususario del blog.

Comida en un castillo medieval

La comidas de los señores feudales eran habitualmente banquetes pantagruélicos. La carne de cacería (al contrario de lo que se piensa) no era habitual en los menús diarios. Era la carne de corral, el pescado, las aves y la verdura los ingredientes que formaban parte de los menús habituales. La cocina solía estar situada en el patio, separada del resto de las dependecias para evitar los incendios. Normalmente disponía de un gran fuego de cocina con diversos anexos como el horno para el pan, la frutería, la bodega y un gran almacén donde se guardaban las reservas de comida.Aunque era grande la cantidad de comida servida no quiere decir esto que todos los comensales comieran de todo. Era como un gran “self service”. Cada invitado elegía los platos que le interesaban. Normalmente las recetas contenían pocas grasas ya que el aceite de oliva y de nueces se utilizaba poco. A diferencia de la actualidad las salsas no se emulsionaban con harina, sino que eran bastante ácidas a base de vinagre y zumo de limón. La sal se utilizaba como conservante, normalmente los cerdos de la matanza de otoño se conservaban en el saladero. Las especies (la pimienta, el gengibre, la canela y la nuez moscada sobre todo) se utilizaban para dar sabor exótico a los alimentos y para disimular el gusto de la carne pasada.El papel de las viñas era muy importante en toda Europa y la vendimia era una celebración importantísima dentro del calendario agrícola. No obstante, el vino que se utilizaba durante todo el año tenía poca graduación. Al final de las comidas se utilizaba un vino perfumado con miel y especies.El pan blanco de trigó sólo era utilizado en la mesa del señor feudal. El resto los mortales consumían habitualmente pan de centeno. Los panaderos cocían panes grandes que frecuentemente se utilizaban como plato donde reposar los alimentos que se comen. La leche y sus derivados no eran de gran consumo por su dificultad de conservación. Por este motivo los productos lácteos más utilizados eran la matequilla y algunos quesos que se utilizaban en las “gachas” que tomaban los niños y en los postres, como por ejemplo, los flanes. Sin embargo, los ingredientes habituales de los postres eran las frutas del tiempo, especialmente la manzana que se conservaba todo el invierno. Se hacían compotas de higos y ciruelas. Las confituras de almendras y avellanas maceradas en miel (los castillos medievales acostumbraban a tener sus propias panales) eran también postres exquisitos.Cuando el señor feudal oranizaba un gran festín normalmente invitaba a representantes de la nobleza que ocupaban lugares en la mesa según su importancia. La comida se cogía de los grandes platos con el tenedor de dos dientes o con la punta del cuchillo. Estos con frecuencia eran dagas y puñales, Las piezas de carne, a menudo animales asados y servidos enteros, los cortaba el dueño de la casa, el anfitrión, con la espada. No se había inventado todavía la servilleta, el mantel, siempre con caída muy larga del lado de los comensales, servía para limpiarse.Los purés y sopas se comían con la cuchara. Era habitual y bien visto comer con tres dedos de cada mano por lo que antes de comer los comensales se solían lavar las manos. Los recipientes raramente eran de vidrio puesto que eran un material caro y lujoso en las mesas medievales. Normalmente los invitados beben en vasos y copas de metal o maderas nobles.Según nos cuenta el célebre cocinero medieval francés Taillevent , en las cocinas de la Edad Media las chimeneas eran amplias y altas. Un hombre, generalmente, podía estar de pie sin agacharse, y diez o doce personas podían colocarse alrededor del hogar. El uso de varios fogones divididos en varios compartimentos no era frecuente como en la actualidad. Los alimentos se cocinaban sobre el fuego de la chimenea y se puede comprender fácilmente que esos hogares ardientes no permitieran guisar ciertos platos que había que remover durante la cocción, o que se preparaban en pequeños calderos. Eso se concinaba con infiernillos llenos de brasas. Los arquitectos del siglo XIII comenzaron a instalar en las cocinas hornillos y también mesas para decorar los platos antes de servirlos.

Los modales en la mesa
Los libros de etiqueta que se conservan explican cómo hay que comportarse en la mesa. A continuación figuran algunos buenos consejos:
· Absteneos de escupir cuando estéis sentados en la mesa.
· Si os enjuagáis la boca cuando estáis comiendo, no debéis escupir el agua en el plato sino que debéis hacerlo en el suelo y educadamente.
· Si os sonáis la nariz, acordaos de limpiaros la mano con la manga del vestido. (en la época no existían los pañuelos).
· No os limpiéis los dientes o los ojos con el mantel.
· Si hay un servidor de Dios en la mesa tened especial cuidado dónde escupís.
· No os mondéis los dientes con un cuchillo, una paja o un palo en la mesa.

Fuente: Blog Diario de una historiadora.

Cetrería medieval 2

Si la cetrería tuvo una época dorada, desde luego esa fue la Edad Media. A lo largo de los 1.000 años que abarca este período histórico, y en especial lo que se conoce como la baja edad media, más o menos desde el siglo X hasta el XV, la caza con halcones y azores disfrutó de su mayor auge y difusión.

No se sabe a ciencia cierta cuándo ni dónde se inició la cetrería en Europa. Lo que sí es cierto es que los pueblos germánicos la practicaban y le tenían un gran cariño y aprecio a sus aves de caza. En las Leyes Burgundias otorgadas bajo el reinado de Gundobad (500 – 505 d. C.) la pena por robar una ave de cetrería era que el ladrón debía de dar seis onzas de carne de su propio pecho para alimentar al ave, o en su defecto pagarle al dueño seis sueldos y pagar, además, una multa de otros dos. A decir verdad, las leyes medievales sobre las aves de cetrería eran terribles para los que las infringían. En el Fuero viejo de Castilla se cuenta una fazaña en la que un hombre mató un azor que le robó una gallina, y le costó a él la vida: Esto es por fasannia de don Diago Lopes de Faro: andaua a caçar en Bilforado e vn astor en Varrio de Vinna tomo vna gallina. Et vino el gascon e mato el astor, e mandol’ don Diago prender et asparle en un madero; e pusieron le al sol aspado e que souyesse y fasta que muriesse.

Pero en la EdadMedia todo no era tan cruel, como se nos hace creer, y la cetrería tenía su aspecto amable y cortés, pues la cetrería no era una actividad que practicara un cazador en solitario. Si creemos a don Juan Manuel, y no hay motivos de dudar de su veracidad, para hacer buena caza y cumplida eran necesarios dieciocho halcones (Libro de la caza, cap. XI, final), lo cual suponía un buen número de gentes además de los cazadores, halconeros, ojeadores y otras compañas, entre las que se encontraban las damas, pues éstas también gustaban de cazar.

Estas partidas de caza  favorecía encuentros amorosos. O, como ocurre en la Celestina, la huída  del halcón de Calisto, propicia que éste entre en la huerta de Melibea y la conozca y se enamore de ella. De esto más sabemos por la literatura que por la historia, como, por ejemplo, de cómo pasaba el día una dama francesa en el siglo XV, Jean de Bellengues, dama amiga de Pero Niño, de quien se nos cuenta en El Victorial que: Desde que se levantava de dormir, iva a cavalgar, e los donzeles tomavan los gentiles, ella tenían conçertadas las garzas. Poníase la dama en un lugar, y tomava un falcón gentil en la mano. levantava[n] los donzeles, e lançzva ella su falcón tan donosamente e tan bien que nonpodía mejor ser. Allí veríades fermosa caza y gran plazer; allí veríades nadar canes, e tañer atanbores, e rodear señuelos, e damiselas e gentiles-honbres por aquella ribera, aviendo tanto plazer que se non podría dezir.

La cetrería fue un deporte, por emplear un término actual, que era básico en la educación de todo caballero medieval. Todas las obras medievales que tratan de la educación de los caballeros, nobles y príncipes hablan del papel fundamental que juega la caza en su educación. Para el Príncipe don Juan Manuel, según nos cuenta en su Libro de los estados, era tan importante como las lecciones de gramática, por lo que el joven noble debía pasar la semana “eyendo salvo el día del domingo … [que] no se deve ni leer ni ir a caza. Esta educación se impartía a los nobles desde la más tierna infancia, y así Juan Manuel dice que si fuere de hedat que pueda andar a cavallo et sofrir la fortaleça del tiempo, non deve dexar, por fuerte tienpo que faga, de ir a caça en cavallo […] et quando andudiere a caça, deve traer en la mano derecha lança o ascoña o otra vara; et en la isquierda deve traer un açor o un falcón. et esto deve fazer por acostumbrar los braços: el derecho, para saber ferir con él, et el isquierdo, para usar el escudo con que se defienda […] et deve poner espuelas al cavallo, a vezes por lugares fuerte, et a vezes por llanos, por que pierda el miedo de los grandes saltos et de los lugares fuertes et sea mejor cavalgante.

Pero, como con todo lo humano, hubo abusos. No en vano, el rey Alfonso X en una de sus Cantigas de Santa María llegó a decir que la caza era uno de los mayores vicios. Hasta tal extremo se llegó que, a mediados del siglo XV español, un descnocido autor llamado Evangelista escribió una fortísima sátira sobre la cetrería, tanto de cazadores como de sus aves. A principios del siglo siguiente un escritor aragonés, Fernando Basurto, publicó un librito titulado Diálogo del cazador y del pescador (Zaragoza: George Coci, 1539) en el que recriminaba a un joven cazador de azor por su malhadada actividad, de la que no sacaría nada bueno. Además, que castellano no recuerda cómo obtuvo la independencia el conde Fernán González del rey de León, por el deseo de tener un azor y un caballo, Castilla obtuvo su independencia de León, tal y como lo narra el Poema de Fernán González.

Extracto del artículo de José M. Fradejas Rueda.

Cetrería medieval1

 Cetrería : El arte de dar caza a animales silvestres mediante el uso de Aves de Presa entrenadas para  ello”. En la península Ibérica, este noble arte fue introducido por los pueblos germánicos que llegaron del norte (los visigodos), que practicaban la caza o modalidad del bajo vuelo con Accipiteres (es decir, con Azores y Gavilanes) sin caperuza. De hecho el vocablo “cetrería” tiene que ver con el azor, ya que “azor” deriva del latín “astur” o asturias que significa tierra de azores (en referencia a los famosos azores asturianos) y la palabra “cetrería” de “acetrería” que no es otra cosa que el término medieval con el que se designaba al “acetrero” o “azorero” que practicaba el bajo vuelo.

Posteriormente con la invasión musulmana, llegaron los halcones y la introducción al uso de la caperuza, que es indispensable para el comienzo del adiestramiento de estos y que con su uso los árabes perfeccionaron, favoreciendo que los Halcones se utilizaran más que los Azores. Durante la edad media, la cetrería, que en un principio fue concebida como un medio de subsistencia, siendo empleada por las clases bajas para obtener alimento capturando animales mediante el uso de rapaces, fue pronto absorbida y quedó relegada al uso exclusivo de la nobleza y de las clases altas de la sociedad que vieron en las aves nobles una peculiar forma de destacar su rango social y de practicar una forma exclusiva de caza. Puede decirse que esta época fue la más importante, ya que durante la edad media resulta casi imposible marcar algún hecho histórico en el que no se mencione de algún otro modo a las aves de cetrería. Así, cabe resaltar el hecho de que el precio por la independencia de Castilla fue un Azor. También en el poema de Mio Cid se narra que, en el momento de partir para el destierro, el héroe castellano Rodrigo Díaz de Vivar ‘El Cid’ lloró ante la pérdida de sus preciadas aves soltadas antes de su destierro.Las cruzadas fueron un evento importante para la cetrería al igual que otras batallas, ya que en éstas se desarrollaban treguas para que los nobles pudieran volar a sus halcones, inclusive si alguno de esos halcones era capturado o se posaba en territorio enemigo el rescate para ponerlo en libertad podía ser superior al precio de 500 prisioneros. Son muchos los monarcas aficionados a la cetrería ya que entonces era un deporte de la nobleza, algunos como los Reyes Católicos, y Alfonso X ‘El Sabio’ quien recomendó en sus famosas ‘Partidas’ la caza y la cetrería como actividad más adecuada para los reyes y nobles.

En aquellos días, el tipo de halcón, que portaba un hombre en su muñeca cuando iba de caza, denotaba su categoría o rango. De tal manera que un rey llevaba un halcón gerifalte; un conde, un halcón peregrino, un burgués hacendado, un azor y un sacerdote, un gavilán; Aunque los peones cazaban con aves de presa, para llevar alimento a sus casas, aunque esto estaba prohibido por los reyes.

Hacia finales de la edad media, el arte de la cetrería empezó a declinar coincidiendo con la aparición de las armas de fuego, aunque no desaparecería hasta el siglo XIX, donde solamente sería practicado en grupos pequeños en Alemania, Portugal, el Reino Unido y Francia., desapareciendo por completo hasta el siglo XX en la mayoría de estos países, excepto en el Reino Unido.

 El libro de la caza de las aves, de Pero López de Ayala; el Libro de cetrería de caza de azor, de Fadrique de Zúñiga; y el Libro de cetrería, de Luis Zapata, son algunas de las obras medievales sobre cetrería más importantes de la historia de este arte. En el siglo XIV el infante de Castilla Don Juan Manuel, señor de Peñafiel, escribió el libro de la caza, basado principalmente en la cetrería árabe.

Libro de cetreria de Federico II siglo XIII

Vocabulario de cetrería.

Leyendas del camino.