Geografía y tecnología.

En realidad, no sólo se dio un proceso de transferencia tecnológica de Oriente hacia Occidente, sino que también entre la regiones más dinámicas económicamente de la Europa medieval funcionó un proceso similar de transferencia de conocimientos y de movilidad de técnicos y artesanos, en términos, por supuesto, del estado del arte existente en el período medieval.  Las regiones más avanzadas tecnológicamente eran Italia y los Países Bajos, seguidas de Francia, cuyo desarrollo fue obstaculizado por los desastres provocados por la guerra de los Cien Años, para luego recuperarse de manera rápida. Con el estímulo y la influencia del desarrollo del comercio y vinculado a la transferencia de tecnología, también Alemania occidental y meridional experimentó un notable desarrollo técnico; hacia finales del siglo XV los alemanes eran insuperables en las técnicas de la minería y de la metalurgia. Aunque Inglaterra se incorporó relativamente tarde a este proceso, su desarrollo técnico fue bastante rápido, aprovechándose de la capacidad de los ingleses de atraer mano de obra cualificada extranjera. Cipolla (1999) documenta que el fenómeno de la movilidad de mano de obra y de “fuga de cerebros” se dio a gran escala y tuvo un gran peso en la historia de la economía y de la tecnología europea que abarca hasta finales del siglo XV. Los artesanos  abandonaban a menudo sus pueblos natales y no era menor la movilidad de los artesanos urbanos. Frecuentemente maestros artesanos o grupos de maestros artesanos se trasladaron de una ciudad a otra, huyendo de disturbios políticos, de una epidemia o de una crisis económica. 

Fuente: Ciencia y tecnología en la Edad Media.

Tecnologia y oriente

Los viajes de exploración y de comercio que realizaron los europeos hacia China, con mayor constancia desde mediados del siglo XIII, siguiendo las legendarias rutas de la seda, conllevaron la transferencia hacia Europa de una serie de conocimientos y de técnicas producidos por la civilización china, así como invenciones provenientes de la India, de la antigua Persia y del mundo musulmán. El retraso relativo de la Europa medieval respecto a estas civilizaciones en cuanto a conocimientos técnicos se refleja, por ejemplo, en el hecho que, a principios del siglo XIII, no había aún en la literatura occidental nada que pudiera compararse con la enciclopedia tecnológica elaborada por el artesano árabe Al-Jazari, hacia 1205. Una de estas transferencias tecnológicas la representó el proceso de aprendizaje de las mezclas químicas incendiarias usadas por los chinos, a partir de las cuales crearon la pólvora. El resultado de la utilización de la pólvora por los europeos, más allá del uso característico que se le daba en el imperio oriental para producir fuegos artificiales, derivó en la creación del cañón, hacia el año 1324. Sin embargo, los cañones no modificaron en lo inmediato y de manera decisiva la naturaleza de la guerra; sólo sería un siglo después que el poder de fuego comenzó a ser determinante en el campo militar, particularmente en los conflictos navales.

Tecnología agrícola

 Los aperos de labranza mejoraron cuantitativa y cualitativamente. Junto con el arado de vertedera, el arado clásico y el rastrillo, se utilizan los demás instrumentos para la escardadura, de forma complementaria, llevándose a cabo una mejor preparación del suelo. Por el contrario, se constata un relativo estancamiento en lo que se refiere a las prácticas de abono. La incapacidad de conseguir técnicas efectivas para lograr la regeneración de los suelos se constituyó en una de las debilidades principales de la agricultura altomedieval.

La explotación del arado exigió la utilización preponderante del caballo  en la agricultura. Los caballos utilizan el forraje de forma más eficiente que los bueyes, pero sin arreos ni herraduras adecuadas son unos animales de tiro ineficaces. El incentivo para utilizar el caballo llevó, hacia finales del siglo XI, a un rápido  mejoramiento técnico de los aperos necesarios para manejarlo. La introducción del cultivo trienal, a su vez, permitió la siembra de avena, cultivo ideal como alimento para los caballos. Así pues, en el siglo XIII el sistema agrícola medieval relacionó estrechamente sus tres elementos básicos. El arado de vertedera mantenía una población más densa que podía desbrozar tierra más fértil, utilizando la tracción más eficiente de los caballos y alimentándolos con avena procedente de la rotación trienal.   

Técnica. relojes e industria textil

A pesar de las restricciones, desde el período altomedieval, algunas regiones de Europa experimentarán, por primera vez, la utilización a gran escala de una tecnología compuesta de máquinas elementales, fundamentalmente como fuentes de energía. En Inglaterra existían alrededor de seis mil molinos de agua, según un censo del año 1086. Los molinos de agua no sólo se empleaban para moler grano y elevar agua, también proporcionaban la energía para hacer pasta de papel con trapos, se utilizaban para hacer funcionar los martillos y las máquinas de cortar de una herrería, serrar madera, proporcionaban la energía para hilar la seda y hacer girar las pulidoras de los armeros. Igualmente importante fuente de energía lo constituían los molinos de viento, bastante extendidos por toda Europa hacia finales del siglo XII. Cumpliendo más o menos las mismas funciones que los molinos de agua, fueron evolucionando, no obstante, más rápidamente. Se requería perfeccionarlos continuamente para ayudar en la habilitación de tierras y mantener las zonas bajo el nivel del mar libre de las aguas. Las máquinas que servían de fuentes de energía, junto con la fuerza de trabajo humana, constituyeron la base sobre la que se asentó la estructura económica medieval.La formidable invención representada en los relojes mecánicos, de los cuales hay registros claros desde principios del siglo XIV,  El perfeccionamiento de los diferentes tipos de engranaje y de transmisión que se crearon contribuyó al éxito de muy diferentes clases de máquinas. Así mismo, los relojes mecánicos, al extenderse fuera de los monasterios, introdujeron una nueva regularidad en la vida del trabajador y del comerciante, pues el reloj se convirtió no sólo en un medio de tener una medida de las horas sino también en un sincronizador de las acciones.

Algunos otros inventos característicos del período medieval europeo estaban más vinculados al quehacer de artesanos, imbricados en las actividades características de la expansión comercial, por ejemplo, la tejeduría. Por esta razón, invenciones rudimentarias eran incorporadas en la medida que los mejores resultados productivos pudieron ser explotados económicamente. El desarrollo de la industria textil procuró el incentivo para una serie de invenciones en las actividades vinculadas con la fabricación de tejidos. Se incorpora la mecanización por medio de los batanes; molinos batidores de paños que movían grandes mazas por medio de la energía hidráulica. El batán se usaba para limpiar y fortalecer los tejidos de lana. También se produce la invención de la rueca de hilar, que apareció hacia finales del siglo XIII, resultando una innovación muy provechosa. La llamada “Gran Rueca” consistía simplemente en un marco en el que se afirmaba el huso, y de una rueda y una polea que la hacían girar; posteriormente se fue mejorando su diseño y aplicaciones hasta derivar en la más compleja “Rueca de Sajonia” y en las sofisticadas máquinas italianas para la torsión de la seda, que aparecen hacia 1350.

Hacia el siglo XI, las mejoras técnicas introducidas en la incipiente industria textil  flamenca supuso la fabricación de piezas de lana tejidas de forma estándar, susceptible de ser ensambladas con diversos materiales. En realidad se trató de tres progresos técnicos: en el propio telar, en el apresto y en la tintura.  El telar horizontal masculino, urbano y accionado por dos trabajadores sustituye al telar vertical tradicional, manejado por mujeres en los gineceos de los grandes dominios. El nuevo telar tiene la capacidad de producir paños mucho más anchos, como la llamada “capa frisona”. La fabricación del tejido se dividía en una serie de operaciones claramente diferenciadas entre sí, prefigurando una neta división del trabajo que proyectó el importante desarrollo textil alcanzado por los flamencos (Contamine et. al., 2000).  Estos nuevos instrumentos resultaron sumamente ventajosos en la medida que fue posible  ampliar el volumen de producción para los mercados. El batán hidráulico permitía abatanar un paño en cuatro o cinco días; tarea que antes se realizaba en nueve o diez; el torno de hilar posibilitó aumentar al triple la producción de hilo por unidad de tiempo con relación a la rueca normal.  

Tecnología medieval.(síntesis)

 La necesidad del ser humano de contar con instrumentos o herramientas que le ayudaran en los trabajos más arduos y pesados, impulsó la creatividad en la Edad Media y se desarrollaron inventos que favorecieron el avance de la técnica aplicada a la construcción, a la agricultura para regar los campos, a los molinos para aprovechar la fuerza del viento y de las corrientes de los ríos, entre otras.

     La energía animal utilizada en la Edad Media pudo aprovecharse aún mejor desde fines del siglo IX y principios del X con la invención de la collera que permitió a los caballos desarrollar toda su fuerza de tracción; se inventó el sistema de enganchados uno tras otro con los que se sumó la fuerza de varios animales al mismo tiempo y se inventaron las herraduras, para impedir que sus pezuñas se quebraran e inutilizaran al animal. La carreta de tiro sustituyó a la de brazos, que el campesino utilizaba para el transporte de cargas pesadas. Desde entonces empezaron a herrarse los cascos de bueyes y caballos.

     Esos inventos también fueron significativos en el proceso deliberación de los esclavos, pues las cargas pesadas dejaron de moverse por medio de energía humana.

     La introducción del arado nórdico de ruedas, con una reja o cuchilla para cortar la hierba, una reja horizontal para abrir el surco y una vertedera para voltear la tierra propició un aumento notable de la producción agrícola.

 

 

     La rueda hidráulica, que probablemente había sido inventada desde el siglo I a. C., durante la Edad Media cobró auge y se arraigó, especialmente en el Norte de Europa.

     El molino movido por agua fue utilizado para moler trigo, mover la sierra del carpintero y los fuelles del forjador de hierro, lo que propició el avance de la metalurgia.

     Las ruedas hidráulicas también tuvieron una importante aplicación en la industria textil, surgida prácticamente en esta época. La rueda de hilar inventada en el siglo XIII fue el primer paso en el camino de la hilatura mecanizada medieval, financiada por los grandes banqueros y comerciantes.

     Llevado de Oriente, el molino de viento fue utilizado en Europa, con tan buenos resultados que se sigue usando actualmente en Holanda. Ese aparato, que utiliza la fuerza del viento para funcionar, sustituyó y superó a la rueda hidráulica, además de que ahorró la construcción de los diques y estanques que esta última requería.

     Hubo un avance técnico medieval muy importante, en el campo de la metalurgia: la producción de hierro colado que podía ser vaciado en moldes y que surgió como resultado del lento progreso del horno de fundición.

     El hierro colado fue decisivo en la construcción de máquinas de guerra que complementaban la invención de la pólvora.

Inventos medievales. Las gafas

Alessandro della Spina era un fraile de la ciudad de Pisa al quien se le atribuye la invención de las gafas a finales del siglo XIII. Estos “roidi da ogli” (discos para los ojos), tan habituales en nuestros días, multiplicaron la vida laboral de los artesanos que elaboraban trabajos de precisión. El éxito de las gafas fue tan rotundo que durante muchas décadas el gremio de vidrieros de Venecia se enriqueció a base de controlar su fabricación. (Revista SÀPIENS, mayo 2003).

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.