Juglares 2

En el siglo xIv, el rey Jaime II de Mallorca en sus Leges Palatinæ define a los juglares como aquéllos que tienen por oficio alegrar a la gente: illorum officium tribuit lætitiam. En Francia era conocida su capacidad de divertir a quienes les escuchaban: trop bien genz solacier. Los propios juglares se atribuían nombres jocosos, como Alegret en Provenza, Alegre y Saborejo en la península Ibérica o Graciosa y Preciosa entre las mujeres. A menudo tomaban el nombre de los instrumentos en que eran expertos (pues lo normal es que supieran tocar más de uno), encontramos, así, a un Cítola en la corte del Rey Sabio y a un Cornamusa (alias de Ramón Martí) en Lérida hacia 1357. No faltaban los nombres burlescos (ystriones sibi nomina jocosa imponunt) como Malanotte y Maldicorpo en Italia.

El hábito de trabajo, por llamarlo de algún modo, de aquellos artistas desheredados solía ser llamativo y de vistosos colores. Los ministriles (instrumentistas herederos de la antigua tradición juglaresca) de la corte de Juan I de Aragón (1387-1396) vestían librea de paño blanco con un distintivo de plata. Los cinco juglares de Carlos el Noble de Navarra (1387-1425) vestían de paño verde de Bristol. En fin, los ministriles que amenizaron en Jaén las bodas del condestable Miguel Lucas (1461) vestían ropas de terciopelo azul.

Juan I, no por nada conocido como el Músico, además de el Cazador, fue uno de los grandes mecenas del Medievo, hospedando en su prestigiosa corte a centenares de juglares, ministriles y cantores de polifonía. Desde niño tuvo a su servicio a la juglaresa Caterina y poseía una cornamusa ornamentada con blasones reales. Instrumentistas y juglares acudían a la corte aragonesa procedentes de las principales naciones de Europa: Francia, Italia, Inglaterra, Escocia, Portugal, Bohemia. Estos músicos se reunían para compartir conocimientos, sobre todo por Cuaresma, época en que no podían ejercer su oficio (al igual que las prostitutas). El intercambio de experiencias era intensísimo. Escribe Juan el Músico al marqués de Villena que “nuestros instrumentistas han enseñado por orden nuestra seis nuevas canciones a los vuestros. Y cuando nuestros instrumentistas, que acuden ahora a las escuelas, vuelvan, enviadnos a los vuestros con el fin de que enseñen otras tantas a los nuestros”.

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